SEGUNDA ÉPOCA

COYUNTURAPOLÍTICA fue creado originalmente en 2006. Desde 2012 hemos iniciado una nueva etapa con aportes de nuevos comentaristas, análisis y opiniones.
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domingo, 8 de septiembre de 2013

El proyecto de nueva Constitución Política de la República de Salvador Allende en 1973

Entre los tantos silencios y distorsiones de la Historia del Chile reciente, está el proyecto de nueva Constitución que preparaba la Unidad Popular y el Presidente Salvador Allende en 1973 como base de la propuesta de plebiscito ciudadano.

El borrador del proyecto, develado por Eduardo Novoa Monreal, Presidente del Consejo de Defensa del Estado durante la Unidad Popular, aquí aparece in extenso.   Al revisar en detalle este borrador -que justamente dado su carácter se encontraba en proceso de elaboración al momento del golpe militar de 1973- pone de relieve algunos aspectos centrales de la concepción de Estado, de gobierno y de regionalización, de administración pública, de derechos y deberes cívicos, que promovía la coalición con el Presidente Salvador Allende. 

El fundamento político e ideológico de la nueva Constitución proyectada por Allende, como se puede apreciar en el texto adjunto, apuntaba al socialismo como meta final, pero daba orientación a un proceso de transición a un tipo de socialismo distinto, a la chilena,  instauraba una democracia social avanzada, con pluralismo político, con libertades cívicas, con garantías explícitas del Estado y de la sociedad, en materiales esenciales para la vida de las personas como la salud y la educación, la previsión y la vivienda.

He aquí reflejada una concepción democrática del socialismo y del camino para avanzar hacia una sociedad socialista.

http://coyunturapoliticayctualidad.blog.com/2013/09/08/el-borrador-de-proyecto-de-nueva-constitucion-politica-para-chile-de-salvador-allende-en-1973/

La prensa en Magallanes después del 11 de septiembre de 1973

Inquietud moral  e indignación ética.

Cuando en todo el país se levantan voces de condena a la dictadura militar instalada en 1973 en Chile y sus graves atropellos a los derechos humanos, todos hechos casi completamente conocidos por la ciudadanía, desde esta región de Magallanes nos hacemos algunas preguntas que responden a una legítima inquietud moral e indignación ética.   Preguntas que, por lo demás, pueden hacerse los ciudadanos de regiones en sus respectivas realidades particulares.

No se pretende apuntar con el dedo, pero sí a contribuir a esclarecer todos los aspectos y dimensiones de la verdad histórica, por el camino de develar rigurosamente los hechos, las conductas, y muy en especial las líneas editoriales de los medios de comunicación en Magallanes que "sobrevivieron" al golpe militar de 1973 en esta región. Se trata de interrogantes con contenido histórico y con implicancias éticas.  No se trata tampoco de situarnos en una supuesta altura de superioridad moral, toda vez que cada actor social, político e individual tiene y tenemos nuestra parte de deber y de responsabilidad en los hechos que condujeron al golpe militar y que sucedieron al golpe militar.

Al hacernos estas preguntas no estamos prejuzgando las respuestas, sino que ponemos el acento en la importancia para las presentes y futuras generaciones (de jóvenes, de estudiantes universitarios, de comunicadores, de periodistas y reporteros) de conocer los hechos tal cual sucedieron.  ¿No se ha dicho en una frase famosa que "la verdad os hará libres"?

Consideramos que el nudo esencial (aunque no el único) que genera estas interrogantes, se encuentra en la relación entre la represión sistemática y violaciones a los derechos humanos perpetrados desde el 11 de septiembre en adelante en esta región austral (detenciones, confinamiento, tortura, fusilamientos...en campos de concentración y centros de detención) y el modo cómo los medios de comunicación regionales abordaron e informaron de estos hechos.

¿Cuál fue la postura editorial de los medios de comunicación  que existían el 11 de septiembre de 1973 en Magallanes...y el 12 de septiembre...y en los días, semanas y meses subsiguientes...?

¿Los medios de comunicación social que permanecieron funcionando después del golpe en Magallanes, aprobaron, silenciaron o rechazaron las detenciones, torturas y fusilamientos ocurridos en esta región austral desde el 11 de septiembre en adelante? 

¿O avalaron las versiones de los hechos entregadas por los militares? ¿Cómo se desarrolló la acción de los medios en un contexto de represión, control y censura, sobre todo en los primeros años después de 1973?

Sin animo de rencor ni de venganza, inútil por lo demás, los ciudadanos y ciudadanas de Magallanes tenemos derecho a hacernos estas preguntas, porque si no las hacemos nosotros hoy, las harán nuestros hijos o nuestros nietos...

Manuel Luis Rodríguez U.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Polarización y violencia política durante la Unidad Popular en Chile: algunas notas de interpretación histórica

Uno de los argumentos principales utilizados por la derecha política hoy para justificar el golpe militar de 1973 -en realidad golpe cívico-militar, para ser exactos con la verdad histórica- ha sido la de señalar la existencia de un clima de violencia política y el grado de polarización que alcanzó el país entre 1970 y 1973.

El concepto ha sido argumentar que las FFAA debieron intervenir para detener la polarización y la violencia política, en riesgo de conducir a una guerra civil.

Cuando se revisa la prensa y los testimonios personales y colectivos acerca del clima social y político que se vivió en Chile entre 1970 y 1973 efectivamente constatamos que, producto de las medidas adoptadas por el gobierno de la Unidad Popular, en particular, las expropiaciones de empresas privadas y de la Reforma Agraria, permiten a su vez explicar la agudización y excerbación de la violencia verbal y política en el país.

En plano político, la formación de brigadas de los distintos partidos políticos, para defender las sedes partidarias y los dirigentes, fue un paso decisivo.  Todos los partidos políticos, cual más cual menos, crearon sus propias brigadas de jóvenes y militantes, que gradualmente se fueron enfrentando en el espacio urbano.  Desde el derechista Partido Nacional y su brigada Rolando Matus hasta el Partido Socialista y su brigada Elmo Catalán y el Partido Comunista con la brigada Ramona Parra, estas organizaciones cumplieron una función de defensa territorial y de resguardo que fue derivando a continuación en confrontaciones callejeras.

Pero la derecha en Chile hoy carece de autoridad moral suficiente para acusar a la Unidad Popular de haber creado un clima de confrontación, cuando los propios partidos de derecha de la época tenían sus propias brigadas actuando en las calles y formaron grupos terroristas para desestabilizar al gobierno de Salvador Allende.  La propia creación del grupo llamado "Patria y Libertad" en 1971 fue propiciada y respaldada por la derecha de la época, grupo que fue responsable de varios cientos de atentados terroristas contra la infraestructura del país y de haber respaldado la tentativa golpista del 29 de junio de 1973.

Ninguno de los errores cometidos durante la Unidad Popular entre 1970 y 1973 justifican, sin embargo, las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas por agentes del Estado y de la dictadura militar, después de 1973.

Grupos de ultra derecha surgidos al alero del derechista Partido Nacional (formado en 1965 de la fusión del Partido Liberal y el Partido Conservador), junto al movimiento nacionalista de ultraderecha Patria y Libertad intentaron por diferentes medios violentos terminar con el gobierno, siendo apoyados y financiados por la CIA y por elementos de la Armada de Chile.  Este cuadro se daba en Chile mientras el gobierno de EEUU, también conspiraba para terminar con el gobierno de la UP. 

En 1973, una vez que los métodos democráticos para sacar a Allende fracasaron ya que la oposición a la UP no alcanzó una mayoría parlamentaria en las elecciones de marzo de ese año, intensificaron su campaña de atentados terroristas con bombas y ataques para desestabilizar al gobierno.

Entre las acciones de estos grupos figura el asesinato del comandante Arturo Araya edecán naval del Presidente Allende; diversos atentados con bomba a torres de alta tensión y oleoductos; el asesinato de militantes de izquierda; y varios atentados a embajadas (por ejemplo, las de Cuba y la Unión Soviética), sedes de partidos políticos de izquierda y radio emisoras. El 14 de mayo de 1973 fueron allanados varios locales de Patria y Libertad, encontrándose numeroso armamento y explosivos, luego del llamado de su líder Roberto Thieme, desde Argentina a desencadenar una guerra civil.

 Durante la campañas presidencial de 1970, la prensa de derecha, por ejemplo, comenzó una campaña publicitaria contra la Unidad Popular y que tenía como objetivo desacreditar al socialismo y despertar el miedo entre la población chilena.

Una vez que Salvador Allende asumió la presidencia, la noticia sirvió como pretexto para defender los intereses de la burguesía, que se encargó de decidir cuáles noticias debían tener una circulación preferencial y manejaron constantemente la ironía, el ridículo, el apodo ofensivo y el insulto. Incluso, documentos desclasificados de la CIA en Estados Unidos revelan que el gobierno estadounidense de Richard Nixon financió periódicos y revistas de derecha en perjuicio del gobierno de Allende.

La violencia política tuvo sus inicios en el gobierno de la Unidad Popular con el asesinato del ex ministro de la DC Edmundo Perez Zujovic, por parte de un grupo de extrema izquierda la VOP, un crimen condenado por la Unidad Popular, pero que marcó una brecha profunda entre  la Democracia Cristiana y la izquierda.

En Chile, a la violencia política de la izquierda, se correspondió la violencia política de la derecha, donde periódicos y brigadas militantes cada vez mejor equipadas, enfrentaban posiciones en la opinión pública.  A la prensa de trinchera de la izquierda como el "Puro Chile" o "El Clarin", se correspondió la prensa de trinchera de la derecha como el "Tribuna".

Manuel Luis Rodríguez U.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Los periodistas que lucharon contra la dictadura - Reportaje de Radio de la Universidad de Chile

 El rol de la prensa durante la Unidad Popular y en torno al golpe militar de 1973 en Chile ha sido objeto de numerosos análisis e investigaciones.   El siguiente artículo de Radio Universidad de Chile, pone de relieve el papel que cumplieron los periodistas que lucharon contra la dictadura, desde su digna y valiente función profesional de informar.

Desde esta página COYUNTURAPOLÍTICA además, así como lo denuncia el documental EL DIARIO DE AGUSTÍN, creemos y hemos sostenido que debe investigarse y ponerse de relieve el rol de aquellos medios de comunicación que participaron activamente en favor del golpe militar, tanto en Santiago como en regiones, medios y periodistas que apoyaron y propiciaron la asonada militar y que durante años, avalaron y fueron funcionales a la dictadura en todo el territorio nacional.  

Así como hubo periodistas que lucharon contra la dictadura, también es pedagógico saber y conocer cuáles fueron los medios de comunicación y los periodistas que jugaron el juego de la dictadura y sus atropellos sistemáticos a los derechos humanos. Se trata de una interpelación ética que consideramos ineludible.   Hay que abrir los archivos de la prensa, leer los editoriales de la época y conocer en detalle las posturas de uno de los pilares fundamentales de la "libertad de expresión".  No se trata ni de odiosidad ni de rencores, porque este no es un asunto sentimental: es una exigencia por la verdad histórica y esa verdad histórica, esta generación puede buscarla y conocerla, caso contrario quedará para las siguientes generaciones. 

Tarea para las Escuelas de Periodismo y las Escuelas de Historia de las universidades, también...

Si esta verdad no se devela este año 2013, se develará más temprano que tarde.

Lea aquí el artículo de Radio Universidad de Chile:

http://radio.uchile.cl/2013/09/05/los-periodistas-que-lucharon-contra-la-dictadura

Dirigentes y militantes del PDC se pronuncian ante los 40 años del golpe militar de 1973

LECCIONES DE LA HISTORIA Y DESAFÍOS PARA UN TIEMPO FECUNDO
La Democracia Cristiana a 40 años del golpe de Estado en Chile

1 El 11 de septiembre de 1973 constituye una fecha trágica para Chile. Un golpe de Estado puso término al gobierno del Presidente Allende, e instaló la más prolongada y oscura dictadura civil y militar, utilizando ideológicamente las instituciones armadas de la Nación. No fue éste un movimiento súbito, precipitado o impensado. Comenzó a fraguarse cuando los chilenos perdimos la capacidad de diálogo, de entendimiento, y de solución pacífica de nuestras diferencias. En el momento en que se armaron los espíritus y las manos y no quedó espacio para la paz. Fue entonces cuando empezaron a derrumbarse las instituciones democráticas, las garantías de libertad y de justicia, y —lo que abrió la herida más profunda de toda nuestra historia nacional y republicana—, cuando, a consecuencia de su planificada y sistemática violación, se inició el desplome de los derechos fundamentales de las personas.

2 Cuarenta años después de aquellos dolorosos sucesos, y enfrentados a la memoria de nuestro propio pasado, queremos sacar las lecciones de la historia y ofrecerle al país un nuevo horizonte de realización. ¿Por qué esta evocación? Porque sin mirada del pasado no hay visión de futuro. Porque no se puede separar el futuro del pasado, el proyecto de la memoria, y el porvenir de Chile de su historia reciente. No, cuando la paz y la conciliación siguen amenazadas por las deudas de verdad y justicia que, arrastradas desde la dictadura, aún permanecen sin ser saldadas. No, cuando los cambios políticos que el país reclama se proponen la reforma de la Constitución que nos rige, la que se originó bajo el régimen de fuerza. No, cuando la actual estrategia de desarrollo —que impide progresar hacia mejores estándares de bienestar, de justicia e integración— fue impuesta por una tecnocracia neoliberal amparada en las armas y en la represión desplegada contra los trabajadores y sus organizaciones.

3 Más allá de los mitos, que afloran para cumplir su función de justificar y de oscurecer las verdaderas responsabilidades en el drama de hace cuarenta años, queremos ser claros acerca de nuestras propias actuaciones. Y tres son las preguntas que la Democracia Cristiana debe responder para contribuir al esclarecimiento de su propio comportamiento político.

Primero, qué conducta tuvo el Partido antes del golpe de Estado. Lo hemos dicho con insistencia: no hay un solo antecedente, un solo documento, un solo testimonio que vincule corporativamente a la Democracia Cristiana con la búsqueda, promoción y ejecución del golpe de Estado. Pudo haber matices respecto de la política de defensa de la colectividad, acerca de su moderación o firmeza frente al gobierno de la Unidad Popular, o de su mayor o menor proximidad a los partidos de derecha, pero no hay dos opiniones institucionales sobre su irrenunciable compromiso con la democracia y con el régimen constitucional.

Segundo, qué conducta tuvo el Partido durante el golpe de Estado. Son conocidas las dos posturas que en este sentido adoptó la colectividad. Una oficial, que explicó la intervención militar argumentando el clima de inestabilidad, inseguridad y amenaza de enfrenta-miento fratricida a que había sido llevado el país, tesis que abrigaba la expectativa de que las fuerzas armadas restablecerían la normalidad institucional a la brevedad; y una disidente, que condenó el golpe de Estado y exhortó a las nuevas autoridades a respetar los derechos y garantías civiles. Los hechos habrían de demostrar que la experiencia de la dictadura no sería un paréntesis sino una larga pesadilla en la vida del pueblo chileno.

Y tercero, qué conducta tuvo el Partido después del golpe de Estado. La lucha por el respeto y vigencia de los derechos humanos, por la reconstitución del tejido social, por la democracia y por las libertades, no habría sido posible sin la participación de la Democracia Cristiana que, desde la primera hora, se entregó a este quehacer, como lo acreditan los innumerables organismos de derechos huma-nos, de estudios constitucionales, laborales, universitarios y poblacionales, que fueron creados y que le correspondió conducir*. Y lo que resultará aún más crucial para Chile y su destino: fue esta experiencia de colaboración común la que selló la identidad y la vocación nacional y popular de la Democracia Cristiana y la dispuso al perdón, acto por el cual el ofendido libera al ofensor del daño que causó y éste reconoce y repara lo hecho.
* Algunos de éstos fueron la Comisión Chilena de Derechos Humanos; la Comisión de Estudios Constitucionales; la Coordinadora Nacional Sindi-cal; la Comisión de Derechos Juveniles; el Comité Reorganizador del Movimiento Estudiantil; y la Vicaría de la Solidaridad. 2
4 Es a partir de la identidad forjada durante estas cuatro décadas de aggiornamento que la Democracia Cristiana puede proponerle hoy al país un nuevo desafío, uno que ha de iniciarse en el próximo gobierno de la Nueva Mayoría, pero que debe trascender y prolongarse más allá del año 2020.

Para entonces Chile deberá haber instituido un régimen constitucional que sea fiel expresión de la soberanía, autonomía y rica diversidad de sus ciudadanos, mediante instituciones genuinamente representativas, y de controles que limiten el poder y su ejercicio. La mayoría del país desearía que el instrumento de la reforma fuera una Asamblea Constituyente, cuya convocatoria, sin embargo, depende de un plebiscito nacional, el cual promoveremos a través de la movilización reflexiva, responsable y organizada de los chilenos, comenzando por obtener los quórums necesarios para hacer las transformaciones institucionales que la ciudadanía reclama.

Aspiramos asimismo a que dicho régimen constitucional se base en el reconocimiento pleno de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y en las garantías explícitas que se proponen satisfacer tales expectativas de derechos, para, de este modo, avanzar sin demoras hacia una sociedad más justa, más igualitaria y más cohesionada. Como se ha confirmado en las grandes movilizaciones sociales de la presente década, las principales prioridades de dichas políticas públicas con enfoque de derechos deben ser la salud, la educación y la previsión social.

Propugnamos un cambio estructural que afecte la inequitativa distribución del ingreso, mediante reformas tributarias progresivas, el restablecimiento de la potestad de Chile sobre sus riquezas y recursos nacionales, el fortalecimiento de la posición negociadora de los sindicatos, y una participación activa de las políticas públicas en la protección de las familias más pobres y vulnerables. Ello exige dotar de apoyo y legitimidad a las transformaciones, fomentando instituciones y organizaciones de participación y diálogo democrático.

Anhelamos una actividad política al servicio del pueblo y, por lo tanto, transparente, autónoma de poderes fácticos, y sometida al permanente escrutinio de los ciudadanos. Por eso, promovemos la reforma de los partidos políticos, así como de sus vínculos con las instituciones representativas y con los representantes populares. Para vigorizar la búsqueda de este objetivo contribuiremos desde ahora al debate, elaboración y difusión de ideas de cara al Sexto Congreso de la Democracia Cristiana que se realizará el año 2014. Para nosotros, ese momento ha de signar la irrupción de una fuerza política imbuida del nuevo humanismo que peregrina por América, y cuya esperanza de futuro despierta el Papa Francisco.

5 Hacemos un llamado a todos los militantes y adherentes de la Democracia Cristiana a firmar y a difundir esta declaración, expresando con ello su compromiso de llevar a cabo las tareas políticas señaladas, y de concurrir a la generación de un amplio e inclusivo movimiento de opinión.

Septiembre de 2013, a cuarenta años del golpe de Estado en Chile


1. Renán Fuentealba Moena

 
2. Mariano Ruiz-Esquide


3. Belisario Velasco
 

4. Ignacio Balbontín


5. Jorge Donoso


6. Florencio Ceballos


7. Alejandro Calderón


8. Alejandro Carril Rojas


9. Alejandro González


10. Álvaro Delgado Martínez


11. Álvaro Marifil


12. Ana María Correa


13. Andrés Aylwin A.


14. Andrés Palma I.


15. Bernardo Barría


16. Bessie Saavedra


17. Carlos Almanza


18. Carlos Aparicio


19. Carlos Raúl Gil


20. Claudio Hernández


21. Cristian Lazo


22. Cristian Morales Salvo


23. Diego Calderón


24. Enzo Pistacchio


25. Esteban Sanhueza


26. Felipe Cubillos


27. Felipe Vallespir


28. Francisco Vásquez


29. Gabriel Eduardo Palma


30. Gabriel Madrid


31. Giovanna Flores Medina


32. Graciela Bórquez


33. Héctor Barría


34. Héctor Gárate


35. Hernán Kohnenkampf


36. Hugo Muñoz Sandoval


37. Ignacio Pérez


38. Irene Celis Ramírez


39. Jaime Correa Díaz


40. Jaime Hales


41. Jeanette Soto

 
42. Jorge Consales
 

43. José Miguel Serrano


44. Juan Andrés Kloker


45. Juan Díaz Berrios


46. Juan Guillermo Espinosa


47. Juan Manuel Sepúlveda


48. Juan Miguel Jara


49. Juan Pablo Marchant


50. Juan Pablo Morales


51. Manuel Tobar L.


52. Marcel Young


53. María Antonieta Escobar


54. María Carolina Inostroza


55. María Soledad Lucero


56. Mario Tapia


57. Marta Canto


58. Mauricio Mass


59. Miguel Ángel Botto


60. Myriam Verdugo


61. Nicolás Gutiérrez Herrera


62. Nicolás Palacios


63. Noé Miranda


64. Nolberto Díaz


65. Omar Cortéz


66. Óscar Ramírez Romero


67. Osvaldo Verdugo


68. Pablo Silva


69. Patricio Argandoña


70. Patricio Huepe


71. Paulina Fernández F.


72. Pedro Concha


73. Pilar Mallea Araus


74. Raimundo González


75. Ramón Mallea Araus


76. Ramón Mallea Santibañez


77. Raúl Burgos Pinto


78. Raúl Donckaster


79. René Lues


80. Ricardo Halabí


81. Ricardo Hormazábal


82. Roberto Cano


83. Rodolfo Fortunatti


84. Rodrigo Poblete


85. Rodrigo Vega


86. Sara Campos


87. Sebastián Latorre


88. Tamara Jorquera


89. Valentín Zuñiga


90. Verónica Mallea Araus


91. Víctor Torres


92. Yuri Muñoz

Colegio de Periodistas de Chile adhiere a las actividades de conmemoración de los 40 años del golpe militar

 El Colegio de Periodistas de Chile en Santiago, se suma a las actividades conmemorativas a 40 años del Golpe de Estado, entre ellas las que se encuentra organizando la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, donde el gremio aporta con un ciclo de documentales y dos foros de debate, además de una exposición de libros salvados de ser destruidos en dictadura.

Se trata de la iniciativa “40 medidas a 40 años del Golpe de Estado”, que se inaugura el lunes 26 de agosto, en el bandejón central de la Alameda, frente a la sede de la CUT, en una carpa que albergará exposiciones y charlas, a los que se sumarán otras actividades anexas en otros puntos de la capital.

En el caso del Colegio de Periodistas, el gremio se sumará a esta conmemoración con el ciclo de documentales “¡Y que fue!” de Sergio Bravo Ramos, los días 27, 28 y 29 de agosto, de 18.30 a 21.30 horas en el Teatro Camilo Henríquez (Amunátegui 31, Metro Moneda), donde se hará un rescate a la memoria histórica de nuestro país.

Vea aquí la noticia completa:

http://www.colegiodeperiodistas.cl/index.php/component/content/article/2-uncategorised/339-colegio-de-periodistas-se-suma-a-actividades-de-la-cut-40-medidas-a-40-anos-del-golpe-de-estado

lunes, 26 de agosto de 2013

El Plan Z - Juan Cristobal Guarello

Juan Cristobal Guarello: Plan Z

Ahora que se cumplen 40 años del golpe de estado , también está de aniversario el mayor montaje de la historia chilena: el Plan Z eta. De manera resumida y sencilla se trataba de un plan entre el Mir, el ala dura del PS, Salvador Allende y el servicio secreto cubano para dar un autogolpe el 19 de septiembre de 1973. Ese día unos 10 mil miristas más otros 10 mil agentes extranjeros fundamentalmente cubanos (el número siempre fue impreciso, se habló de 20 mil, 30 mil, 40 mil…), sorprenderían a las Fuerzas Armadas chilenas minutos antes de desfilar en el Parque O’Higgins, y las ametrallarían sin piedad.

A esa misma hora Salvador Allende estaría dando un almuerzo a los comandantes en jefes. En un momento el Presidente abandonaría el comedor de su casa en Tomás Moro, señal para que un grupo del GAP irrumpiera en el lugar y asesinara a sangre fría a los generales, militares y brigadieres. En las horas siguientes grupos armados recorrerían el barrio alto asesinando familias “burguesas”, empresarios, líderes opositores, deportistas, cantantes… El Plan Zeta tenía por objetivo instaurar una dictadura comunista y sus maquinadores estimaban las bajas entre 100 mil y 500 mil capitalistas, explotadores y momios.
El Congreso Nacional sería reemplazado por un soviet supremo que funcionaría en el edificio Diego Portales. Incluso los periodistas más fanáticos del régimen militar comentaron que el plan contemplaba reemplazar la bandera chilena por una nueva de color rojo con una estrella negra.

¿Una mala novela de Tom Clancy? ¿Un libreto de pacotilla rechazado en la portería de la Paramount? ¿Una conversación de curados? No. Esta historia chiflada y ridícula, con matices, adiciones y omisiones, fue presentada durante los 17 años de la dictadura de Augusto Pinochet como el principal argumento para dar el golpe de Estado y luego exterminar a los opositores.

Así, tal como la describí en el primer párrafo, sin agregarle ni quitarle nada, fue expuesta en los medios de comunicación, replicada en libros, entrevistas, documentales e incluso en textos de historia escritos en los años posteriores al golpe. Los conocidos periodistas Hernán Millas y Emilio Filippi se tragaron el sapo y pusieron un capítulo sobre el Plan Zeta en su libro “UP Anatomía de un fracaso”.

Las pruebas presentadas para justificar la existencia de ese maquiavélico y desmesurado plan eran sorprendentes por lo pobres, dispersas y mal elaboradas. Un pegoteo de textos sin orden general, donde había algunos instructivos de autodefensa del PS, unas cuantas fotos de armamento y documentos inconexos, que fue llamado “El libro blanco del cambio de gobierno de Chile”. La obra, escrita por el historiador Gonzalo Vial Correa y supervisada por el almirante Patricio Carvajal, era una sucesión de vaguedades donde no se especificaba nada, ni se daban fechas, ni quiénes eran los cerebros, ni los coordinadores, y así un sinfín de cabos sueltos. Vial fue premiado posteriormente con el Ministerio de Educación y hasta el día de su muerte, el 2009, insistió que el Plan Z era verdad.

Cualquier análisis mínimo desmontaba el tinglado. Si había 10 mil guerrilleros cubanos, ¿cómo el 12 de septiembre no quedaba ninguno? ¿Dónde quedaron los 20 mil fusiles AK 47 que se necesitaban? ¿Dónde funcionaría el centro de comandos? ¿Dónde los campamentos guerrilleros?

Como era normal entonces, nadie hizo estas preguntas básicas. La zalagarda del Plan Zeta vivió por mucho tiempo. Incluso se consideraba de “buen tono” en los sectores acomodados señalar que “Toda mi familia figuraba en el Plan Z. Yo, la gorda, los niños, todos…”. Recuerdo todavía en 1987 alguna ingenua y adolescente amiga que defendía a Pinochet con el argumento de que su papá era uno de los condenados por el dichoso plan…

Más allá de la anécdota que significaba sacarle lustre aristocrático a la condición de supuesta víctima del plan, muchos de los detenidos posteriormente al golpe de Estado fueron salvajemente torturados por no revelar a sus captores detalles del Plan Zeta. Los mandos medios y bajos, que se ensuciaron las manos con sangre mientras llegaban las órdenes desde arriba, no fueron informados de la falsedad del asunto, y como buenos patriotas de la picana y la violación, salieron a la caza de información para evitar que los sucios comunistas cambiaran la bandera chilena por un trapo rojo. Testimonios sobran de esto en Tres y Cuatro Álamos, Villa Grimaldi y otros centros de detención. Hombres y mujeres torturados hasta la muerte por negarse a hablar del Plan Zeta del cual nada sabían.

Con el tiempo los propios involucrados fueron develando la verdad. Entre los más importantes está el primer secretario de la junta, Federico Willoughby, quien fue el encargado de presentar a la prensa la existencia del Plan Zeta y más tarde revelaría su falsedad completa en varios medios (The Clinic, Informe Especial). Incluso señaló que ya en octubre de 1973 sabía que los documentos presentados en el dichoso Libro Blanco “carecían de todo valor”.

Más importante es el testimonio es el del ex comandante en jefe de la Aviación y miembro de la primera junta del gobierno militar, Gustavo Leigh Guzmán, quien en una entrevista concedida a Alfredo Lamadrid en el programa “Humanamente Hablando” emitido por Mega el 2001, señaló de manera clara: “El Plan Zeta nunca existió”.

La historia, que hasta esta altura suena como otro delirio más de la dictadura, no debe ser olvidada. Se inventó un plan para justificar un golpe de Estado, el exterminio sistemático de chilenos y el intento de perpetuación en el poder. Seguro que con el cuadragésimo aniversario del 11 de septiembre de 1973 no faltarán los pajarracos que volverán a cacarear la existencia del supuesto plan y agregarán que “toda mi familia figuraba en la lista de víctimas”. Tampoco faltarán las cartas al director (Hermógenes Pérez de Arce, Gonzalo Rojas y Alfonso Márquez de la Plata deben estar afilando la pluma) y los medios que intenten, de cualquier forma, justificar o darle un tamiz de verdad al peor y más grosero montaje de toda nuestra historia (supera incluso a la Guerra de don Ladislao en 1920)

Lo cierto es que sí hubo un plan, sin letra precisa, sin publicidad, sin libro blanco. No era de buen tono estar en la lista de víctimas y su objetivo en su gran mayoría eran obreros y estudiantes de sectores populares. Se ejecutó de manera implacable y hasta hoy hay cientos chilenos desaparecidos en piques mineros, 
cementerios clandestinos, bajo calaminas en el desierto o amarrados a rieles en el fondo del mar. Del Plan Z sabemos que todo es mentira, del plan sin nombre nunca sabremos toda la verdad.

jueves, 15 de agosto de 2013

Chile, las imágenes prohibidas

Como parte de la conmemoración de los 40 años del golpe militar, el canal ChileVisión difunde una serie de reportajes sobre el Chile de los tiempos de la dictadura, bajo el título de "Chile, las imágenes prohibidas".  

Las impactantes escenas de la represión en tiempos de la dictadura, extraídas desde registros inéditos, nos traen de la memoria el Chile que no queremos ver nunca más y por el cual hemos luchado para que sea un país mas libre, más democrático y más justo.

Vea y descargue el registro completo del  primer programa "Chile Las imagenes prohibidas" de Chilevisión, transmitido anoche 14 de agosto:

jueves, 8 de agosto de 2013

Ernesto Galaz en La Red TV: el testimonio impactante de un militar leal y constitucionalista

 El ex Comandante de la FACH Ernesto Galaz estuvo en el programa MENTIRAS VERDADERAS  de La Red TV para contar detalles sobrecogedores de su experiencia como prisionero político después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, su cercanía con el General Alberto Bachelet y su opinión de la actitud del general golpista Fernando Matthei frente a las violaciones a los derechos humanos en Chile y en la Academia de Guerra Aérea.

http://www.lared.cl/2013/08/58927/el-testimonio-de-ernesto-galaz/