SEGUNDA ÉPOCA
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martes, 25 de junio de 2013
El mapa de las protestas en Brasil
Fim da Letargia - Ricardo Antunes desde Brasil
Ricardo Antunes
TENDÊNCIAS/DEBATES
Fim da letargia
Os movimentos populares acabariam por notar que, para além do mito
falacioso da nova classe média, há uma realidade crítica na vida dos
assalariado.
Nosso país esteve à frente das lutas políticas e sociais na década de
1980, conseguindo retardar a implantação do neoliberalismo no Brasil e
fazendo com que a chamada "década perdida" fosse, para os movimentos
sociais e políticos populares, o seu exato inverso.
Nesses anos, floresceu um forte sindicalismo de oposição. As greves
caminharam em sentido inverso às tendências regressivas presentes no
mundo ocidental. Nasceram incontáveis movimentos sociais. Ampliou-se a
oposição à ditadura militar. Desenhou-se uma Assembleia Nacional
Constituinte e vivenciamos, em 1989, um processo eleitoral que dividiu o
Brasil em dois projetos distintos.
A década seguinte foi avassaladora: neoliberalismo, reestruturação
produtiva, financeirização, desregulamentação, privatização e desmonte.
Quando ocorreu a vitória política de 2002, com a eleição de Lula, o
cenário era profundamente diverso dos anos 1980. Como a história é cheia
de surpresas, caminhos e descaminhos, a eleição de 2002 acabou por se
converter na vitória da derrota.
Oscilando entre muita continuidade com o governo de FHC e pouca mudança,
mas nenhuma com substância, o primeiro mandato de Lula terminou de modo
desolador, o que o obrigou a fazer mudanças de rota, sempre com muita
moderação e nenhuma confrontação. Bolsa Família e altíssimos lucros
bancários, aumento do salário mínimo e enriquecimento crescente no topo,
nada de reforma agrária e muito incentivo ao agronegócio.
O nosso homem duplicado renasceu das cinzas em seu segundo mandato.
Terminou o governo em alta: ao mesmo tempo em que fez seu sucessor,
desorganizou a quase totalidade do movimento opositor. Era difícil
opor-se ao ex-líder metalúrgico, cuja densidade fora solidamente
construída nos anos 1970 e 80.
Quem se lembra de sua situação em 2005, atolado no mensalão, e dele se
recorda no fim do seu mandato, em 2010, sabia que estava à frente de uma
variante de político dos mais salientes. Se Dilma, sua criatura
política --uma espécie de gestora de ferro-- soube vencer as eleições,
pudemos aqui, neste mesmo espaço, lembrar que algo maior lhe faltava: a
densidade social, que sobrava em Lula.
Com paciência, espírito crítico e muita persistência, os movimentos populares haveriam de superar esse difícil ciclo. Acabariam por perceber que, para além do crescimento econômico, do mito falacioso da "nova classe média", há uma realidade profundamente crítica em todas as esferas da vida cotidiana dos assalariados. Na saúde pública vilipendiada, no ensino público depauperado, na vida absurda das cidades, entulhadas de automóveis pelos incentivos antiecológicos do governo do PT. Na violência que não para de crescer e nos transportes públicos relativamente mais caros (e precários) do mundo.
Na Copa "branqueada" sem negros e pobres nos estádios que enriquecem
construtoras e que, no caso do Engenhão, está desmoronando. Nos
assalariados que se endividam no consumo e veem seus salários se
evaporar. No fosso colossal existente entre as representações políticas
tradicionais e o clamor das ruas. Na brutalidade da violência da Polícia
Militar de Alckmin, com o apoio de Haddad.
Isso ajuda a compreender por que o movimento pelo passe livre encontra
tanta acolhida na população. Quaisquer que sejam os desdobramentos
desses movimentos, o país não será mais o mesmo.
Estamos só começando.
RICARDO ANTUNES, 60, é professor titular de sociologia na
Universidade Estadual de Campinas (Unicamp) e autor de "Riqueza e
Miséria do Trabalho no Brasil, Vol. II" e "Os Sentidos do Trabalho"
Os artigos publicados com assinatura não traduzem a opinião do jornal. Sua publicação obedece ao propósito de estimular o debate dos problemas brasileiros e mundiais e de refletir as diversas tendências do pensamento contemporâneo. debates@uol.com.br
Os artigos publicados com assinatura não traduzem a opinião do jornal. Sua publicação obedece ao propósito de estimular o debate dos problemas brasileiros e mundiais e de refletir as diversas tendências do pensamento contemporâneo. debates@uol.com.br
Las "multitudes inteligentes" de América Latina
Las manifestaciones de este año en Brasil parecen tener resonancias y similitudes notables con las multitudes ciudadanas que han manifestado en Argentina en años recientes e incluso con las marchas y movimientos protagonizadas en Chile desde 2006 y especialmente desde 2011.
No son los millones de pobres y excluídos de las ciudades, ni los desclasados marginales de los barrios periféricos de las grandes urbes: son los segmentos emergentes de las llamadas "clases medias" (que en muchos casos son "pobres disfrazados" por las estadísticas oficiales) sectores ilustrados del pueblo que aspira a mejores condiciones de vida, poseen altos niveles de conciencia política, son usuarios intensivos de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) y han adquirido una visión y una experiencia autónoma del ejercicio la ciudadanía.
Millones de jóvenes y ciudadanos se toman las calles, invaden las avenidas, se apropian nuevamente de los espacios públicos, se conectan en extensas redes sociales (dominan internet, Facebook y Twitter), funcionan al margen de los partidos políticos tradicionales, se comunican instantáneamente con sus dispositivos electrónicos, se movilizan por una educación pública de calidad, por una salud pública de calidad y a pesar de las bombas lacrimógenas que les envían los gobiernos y las policías, se mueven en demanda de una mejor democracia, exigen y reclaman participación y promueven nuevas formas de ejercer la ciudadanía. Estas son las revoluciones del siglo XXI.
ESA "CLASE MEDIA"... QUE DE MEDIA NO TIENE NADA.
La publicidad mercantil y la ideología del neoliberalismo y el neoconservatismo han pretendido apropiarse del concepto y la realidad de las "clases medias" atribuyéndoles la defensa del orden, de la estabilidad, de la gobernabilidad, de la sumisión política y de la obediencia a las reglas dictatoriales del mercado.
Cuando las derechas usan la palabra "clase media" están escondiendo debajo de la frase cliché, una compleja realidad social, económica, cultural y política que se resisten a comprender liberales y conservadores: que las clases medias son una amalgama de segmentos y sectores sociales, de creencias y universos simbólicos, que se refieren a las enormes dificultades que tienen hoy las familias y las personas para salir de la pobreza y de la exclusión, dentro de un orden socio-económico neoliberal desigual, asimétrico, injusto, abusivo y basado en el lucro.
Cuando las derechas usan la palabra "clase media" están escondiendo debajo de la frase cliché, una compleja realidad social, económica, cultural y política que se resisten a comprender liberales y conservadores: que las clases medias son una amalgama de segmentos y sectores sociales, de creencias y universos simbólicos, que se refieren a las enormes dificultades que tienen hoy las familias y las personas para salir de la pobreza y de la exclusión, dentro de un orden socio-económico neoliberal desigual, asimétrico, injusto, abusivo y basado en el lucro.
El concepto de multitudes inteligentes de Rheingold, sirve como herramienta interpretativa para capturar la esencia de las demandas y movimientos ciudadanos que hoy presenciamos en Brasil, en Argentina o en Chile: grandes grupos sociales aparentemente satisfechos pero profundamente insatisfechos con un sistema político y un Estado capturado por clases políticas ciegas y sordas, por una casta empresarial voraz y depredadora y con un sistema económico social de progreso material que los incluye de apariencia y los excluye en la realidad cotidiana.
En Brasil (al igual que en Argentina bajo el gobierno populista de los Kirchner), lo que ha estallado es la burbuja ideológica del progreso material a toda costa (infraestructuras, estadios, carreteras, caminos, puentes), sobre la base de una gigantesca apropiación privada y lucrativa de la riqueza nacional, al precio del sacrificio del progreso humano: hasta podría decirse que el progreso de las personas y de la población está siendo sacrificado por la carrera al progreso material que promete el neoliberalismo capitalista.
No basta con construir enormes estadios, gigantescos hospitales, descomunales carreteras y autopistas, si no se resuelven los problemas, necesidades, urgencias y aspiraciones de las personas que van a concurrir a esos estadios, hospitales y autopístas.
En el país supuestamente mas "futbolizado" del mundo (otro falso mito sobre Brasil), las multitudes reclaman no por mejores estadios sino mejor transporte público, mejores hospitales y mejor educación.
Manuel Luis Rodríguez U.
PARA SABER MAS:
http://www.lemonde.fr/international/article/2013/06/19/au-bresil-un-mouvement-social-ne-en-marge-des-partis-politiques_3432600_3210.html
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jun/20/brazil-saying-dont-want-costly-olympics
En Brasil (al igual que en Argentina bajo el gobierno populista de los Kirchner), lo que ha estallado es la burbuja ideológica del progreso material a toda costa (infraestructuras, estadios, carreteras, caminos, puentes), sobre la base de una gigantesca apropiación privada y lucrativa de la riqueza nacional, al precio del sacrificio del progreso humano: hasta podría decirse que el progreso de las personas y de la población está siendo sacrificado por la carrera al progreso material que promete el neoliberalismo capitalista.
No basta con construir enormes estadios, gigantescos hospitales, descomunales carreteras y autopistas, si no se resuelven los problemas, necesidades, urgencias y aspiraciones de las personas que van a concurrir a esos estadios, hospitales y autopístas.
En el país supuestamente mas "futbolizado" del mundo (otro falso mito sobre Brasil), las multitudes reclaman no por mejores estadios sino mejor transporte público, mejores hospitales y mejor educación.
Manuel Luis Rodríguez U.
PARA SABER MAS:
http://www.lemonde.fr/international/article/2013/06/19/au-bresil-un-mouvement-social-ne-en-marge-des-partis-politiques_3432600_3210.html
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jun/20/brazil-saying-dont-want-costly-olympics
O Grito das Ruas - El grito de las calles - Gilton Ferreira desde el Estado de Espiritu Santo, Brasil
Nuestro amigo y colega sociólogo Giovandro Ferreira nos ha compartido desde Brasil valiosos materiales de análisis acerca de las actuales manifestaciones ciudadanas en Brasil, una realidad social y política que nos parece de alto interés para los lectores de COYUNTURAPOLÍTICA.
He aquí el artículo de Gilton Ferreira, El Grito de las Calles:
"O GRITO DAS RUAS
He aquí el artículo de Gilton Ferreira, El Grito de las Calles:
"O GRITO DAS RUAS
Gilton Ferreira[1]
A
onda avassaladora de protestos que invadiu o Brasil nos últimos dias,
inicialmente motivada pelo aumento nos preços das passagens do
transporte coletivo, com manifestações em várias capitais e demais
cidades do país e até mesmo do exterior, está desafiando jornalistas,
cientistas políticos e os incansáveis analistas do cotidiano.
Não
são poucas as opiniões. Chegam a dizer que o Brasil vive
‘esquizofrenia’ com os protestos, ou seja, uma incoerência, porque há um
bom tempo o país vem apresentando melhoria constante em sua economia;
tem sido invejado internacionalmente; que muitos jovens estão
protestando, mas não fazem uso do transporte coletivo porque já possuem
carro e até pouco tempo suas famílias jamais imaginariam que
ingressariam em alguma universidade. Faz algum sentido... Mas passa
distante da essência.
Longe de qualquer ofensa, mas parafraseando James Carville – estrategista da campanha de Bill Clinton contra o então presidente George H. W. Bush – que em 1992 lançou bordão aproveitando-se de maneira vantajosa da recessão estadunidense, diríamos: Não é a economia, estúpido!
Os protestos iniciaram como simples manifestação para não pagar uma passagem tão cara e tornaram-se uma mobilização nacional contra os abusos dos governantes com relação à democracia. O grito das ruas nos alerta que podemos ser o país do futebol, mas não precisamos aceitar o preço das obras e ingressos dos estádios; que os fartos recursos públicos destinados às exigências excludentes da FIFA devem apresentar volume e agilidade idênticos para solucionar os graves problemas nacionais, dentre eles do transporte coletivo e da violência urbana; que a porta de entrada do país no chamado “primeiro mundo” não se faça apenas pela porta dos superestádios, mas iguais e decentes portas de escolas e hospitais; que a luta e o sangue derramado no restabelecimento da democracia não se resuma ao voto para presidente, mas consolide uma democracia responsável onde, inclusive, a polícia de hoje seja radicalmente diferente da que se apresentava no período da ditadura; que se produza remédio social eficaz para a dupla doença que se fez endemia: corrupção e impunidade. Essa é a passagem que o grito das ruas está pedindo: passagem-direito e não passagem-dinheiro.
Muitos
são os sinais que as ruas estão emitindo, porém não menos são as
indagações suscitadas: O advento das redes sociais e suas implicações
estão colocando em cheque as velhas e rígidas formas de organização
social? As categorias de análise tradicionalmente utilizadas darão conta
de ler e interpretar os eventos e os fenômenos contemporâneos na forma
que se colocam? Vamos torcer para que estejamos num daqueles momentos de
ansiedade propositiva da história, onde o atrito social possa gerar
muito mais luz do que calor e, assim, impulsionar um salto de qualidade
na vida da nação.
Tudo isso faz lembrar um conto da obra de Antônio de Alcântara Machado, intitulado “Apólogo brasileiro sem véu de alegoria”.
Uma surprendente anedota, ambientada na periferia de Belém, onde um
cego lidera uma rebelião dentro do trem, por causa da falta de
iluminação. Ao seu estilo, trata o autor dos defeitos atribuídos ao
“caráter nacional”: preguiça, passividade, inconstância e tendência a
transformar tudo em festa e anarquia. Protestar contra o preço da
passagem gerou o calor que fez acender o estopim da necessidade imediata
de controlar e reduzir o preço da passagem, como também estourar a
bomba da vontade democrática comum. Para desconstruir os atributos
preconceituosos do “caráter nacional”, aprofundar a democracia e
protagonizar a história é necessário prosseguir lutando e se reinventar a
cada dia."
[1]
Gilton Ferreira é doutorando em História Social das Relações Políticas
pela UFES e secretário de planejamento do município de Aracruz-ES.
Las manifestaciones ciudadanas en Brasil, vistas desde la ciudadanía brasileña
Em
entrevista ao iBahia, o professor e pesquisador de Comunicação e
Política da Ufba, Wilson Gomes, analisou a importância do movimento com a
proposta do Passe Livre na capital baiana, falou sobre os atos de
violência e vandalismo que aconteceram nesta quinta-feira (20) e sobre a
diferença em relação ao protesto de segunda-feira. Confira:
Portal iBahia - Qual a importância de um movimento com a proposta do Passe Livre em Salvador?
Wilson Gomes - Mas você acha que a pauta do MPL [Movimento Passe Livre] é o que mobilizou as pessoas aqui? Bem, o prefeito anunciou esta semana, numa frase cheia de "eu isso, eu aquilo", que não vai permitir aumentos de passagens. E, pelo que eu entendi, embora tenha a meta da “tarifa zero” no transporte público, o gatilho das mobilizações convocadas pelo MPL foi a revogação dos aumentos dados em Porto Alegre, São Paulo e, se não me engano, o Rio.
Como em Salvador não houve aumento nem vai haver, acho que não há uma "provocação" real relacionada a preço de passagens para a reação popular. Ademais, já deve ter entrado no calendário turístico de Salvador os fechamentos de rua e as greves anuais relacionadas aos aumentos de tarifas de ônibus... uma coisa tão nossa que nem precisaria ser "importada". Ou será que estão ajustando o nosso calendário de manifestações ao calendário nacional, como o governo sempre quis fazer com o horário de verão?
Portal iBahia - Como você explica os atos de violência e vandalismo que acontecem no protesto desta quinta-feira (20)? Qual foi a diferença fundamental em relação ao protesto de segunda-feira (17)?
WG - Explico nada, no máximo eu arrisco umas hipóteses. Estes protestos de rua são compostos, no varejo, por pautas extremamente diversificadas, algumas até contraditórias. No atacado, há no ar um descontentamento com o status quo da política e do governo (que afinal, é uma razão genérica para qualquer mobilização de massa) como aglutinador geral. Do ponto de vista dos tipos humanos e políticos que compõem as manifestações, dá-se o mesmo - no varejo há “de um tudo”, inclusive a galera mais pit-bull, que acha que passeata pacífica é procissão religiosa e que em política há que ter “mais fricção”. Tudo depende de qual é a predominância: se da menina da Graça, cartaz de cartolina no alto, onde se lê, em guache verde e amarelo, "Eu saí do Facebook"; se do tiozinho politicamente romântico que acha lindo "o povo ocupando as ruas"; se do manifestante Ferrabrás, combinação de fé política e testosterona, que ruge, picha, invade e quebra, porque "todos os poderes são do povo".
De tudo há um pouco, e todos têm o direito de estar lá. Manifestações de massa são homogêneas apenas porque as nossas fantasias políticas se encarregam de dar um jeitinho nos fatos e nas nossas memórias. Na realidade, elas são pura aglutinação de agendas, grupos de interesses e tipos humanos.
A diferença com relação a segunda-feira é que aquele primeiro ato foi do tipo mais básico de protesto, que eu chamo de "manifestação de obstrução" - fecha-se uma via pública num horário de pico, cria-se o transtorno para quem precisa se deslocar, com o propósito de se comunicar ao público e às autoridades uma pauta qualquer. Neste caso, o propósito da comunicação política (toda manifestação é uma forma de comunicação política) passa por incomodar e hostilizar, por isso mesmo recolhem tanta antipatia social.
Mas o conjunto das manifestações do Brasil já havia passado desse nível desde a quinta anterior, graças à insana reação da polícia de choque de Alckmin já havia se transformado em "manifestação de massa". Este segundo tipo é cercado de amor, compreensão, porque mexe com fantasias do nosso romantismo político: tem a ver com nossas crenças profundas em democracia direta, em autogoverno, em soberania popular, em generosidade coletiva, sonhos de transformação mundo, coisas assim. E chegam a este volume porque é capaz de somar aos hipermobilizados e hiperengajados, que são os manifestantes semi-profissionais, muitas e muitas camadas de outras tribos, agendas e interesses.
Os manifestantes de Salvador acharam que podiam dar um passo além, aproveitando a simpatia geral e a agregação que daí resultou de muitos manifestantes não-profissionais. Mas em vez de fazer uma grande marcha pela cidade, para que os meninos de cartazes de cartolina pudessem fazer suas fotos para o Instagram e sustentar pautas sem adversários pela educação ou contra os políticos; em vez de promover um Happening para mostrar volume e oferecer takes para a TV e fotos para os jornais do dia seguinte sobre “a volta do povo baiano às ruas para protestar contra a política”; em vez disso, resolveu apostar em outra agenda de confronto, das 5.467 disponíveis: confrontar a Copa das Confederações e, naturalmente, tudo o que ela representa, que vai desde uma cruel inversão de prioridades nos gastos públicos, até a excessiva intromissão da FIFA na vida de uma cidade orgulhosa. Sabia que o governo teria que reagir a qualquer risco de obstrução dos acessos à Fonte Nova.
Os dois atores (manifestantes e governo), em virtude de uma decisão tática dos primeiros, colocaram-se em uma situação de impasse muito precária. Assim que a ponta de lança da galera mais feroz acendeu o pavio, a ponta de lança da bruta polícia baiana reagiu. Se a polícia baiana, em geral, tem pouca compreensão de cidadania e direitos, imagine a tropa de choque, que é uma polícia de confronto. Tudo aconteceu conforme o previsível, para a satisfação do hoolingan de passeata que, enfim, recebeu da polícia o seu batismo de heroísmo e resistência, para o contentamento das autoridades que mostraram que nesta cidade há governo (lembro que isso foi uma pauta das últimas eleições), para o susto e o pavor de todos os outros envolvidos.
Portal iBahia - Qual a importância de um movimento com a proposta do Passe Livre em Salvador?
Wilson Gomes - Mas você acha que a pauta do MPL [Movimento Passe Livre] é o que mobilizou as pessoas aqui? Bem, o prefeito anunciou esta semana, numa frase cheia de "eu isso, eu aquilo", que não vai permitir aumentos de passagens. E, pelo que eu entendi, embora tenha a meta da “tarifa zero” no transporte público, o gatilho das mobilizações convocadas pelo MPL foi a revogação dos aumentos dados em Porto Alegre, São Paulo e, se não me engano, o Rio.
Como em Salvador não houve aumento nem vai haver, acho que não há uma "provocação" real relacionada a preço de passagens para a reação popular. Ademais, já deve ter entrado no calendário turístico de Salvador os fechamentos de rua e as greves anuais relacionadas aos aumentos de tarifas de ônibus... uma coisa tão nossa que nem precisaria ser "importada". Ou será que estão ajustando o nosso calendário de manifestações ao calendário nacional, como o governo sempre quis fazer com o horário de verão?
Portal iBahia - Como você explica os atos de violência e vandalismo que acontecem no protesto desta quinta-feira (20)? Qual foi a diferença fundamental em relação ao protesto de segunda-feira (17)?
WG - Explico nada, no máximo eu arrisco umas hipóteses. Estes protestos de rua são compostos, no varejo, por pautas extremamente diversificadas, algumas até contraditórias. No atacado, há no ar um descontentamento com o status quo da política e do governo (que afinal, é uma razão genérica para qualquer mobilização de massa) como aglutinador geral. Do ponto de vista dos tipos humanos e políticos que compõem as manifestações, dá-se o mesmo - no varejo há “de um tudo”, inclusive a galera mais pit-bull, que acha que passeata pacífica é procissão religiosa e que em política há que ter “mais fricção”. Tudo depende de qual é a predominância: se da menina da Graça, cartaz de cartolina no alto, onde se lê, em guache verde e amarelo, "Eu saí do Facebook"; se do tiozinho politicamente romântico que acha lindo "o povo ocupando as ruas"; se do manifestante Ferrabrás, combinação de fé política e testosterona, que ruge, picha, invade e quebra, porque "todos os poderes são do povo".
De tudo há um pouco, e todos têm o direito de estar lá. Manifestações de massa são homogêneas apenas porque as nossas fantasias políticas se encarregam de dar um jeitinho nos fatos e nas nossas memórias. Na realidade, elas são pura aglutinação de agendas, grupos de interesses e tipos humanos.
A diferença com relação a segunda-feira é que aquele primeiro ato foi do tipo mais básico de protesto, que eu chamo de "manifestação de obstrução" - fecha-se uma via pública num horário de pico, cria-se o transtorno para quem precisa se deslocar, com o propósito de se comunicar ao público e às autoridades uma pauta qualquer. Neste caso, o propósito da comunicação política (toda manifestação é uma forma de comunicação política) passa por incomodar e hostilizar, por isso mesmo recolhem tanta antipatia social.
Mas o conjunto das manifestações do Brasil já havia passado desse nível desde a quinta anterior, graças à insana reação da polícia de choque de Alckmin já havia se transformado em "manifestação de massa". Este segundo tipo é cercado de amor, compreensão, porque mexe com fantasias do nosso romantismo político: tem a ver com nossas crenças profundas em democracia direta, em autogoverno, em soberania popular, em generosidade coletiva, sonhos de transformação mundo, coisas assim. E chegam a este volume porque é capaz de somar aos hipermobilizados e hiperengajados, que são os manifestantes semi-profissionais, muitas e muitas camadas de outras tribos, agendas e interesses.
Os manifestantes de Salvador acharam que podiam dar um passo além, aproveitando a simpatia geral e a agregação que daí resultou de muitos manifestantes não-profissionais. Mas em vez de fazer uma grande marcha pela cidade, para que os meninos de cartazes de cartolina pudessem fazer suas fotos para o Instagram e sustentar pautas sem adversários pela educação ou contra os políticos; em vez de promover um Happening para mostrar volume e oferecer takes para a TV e fotos para os jornais do dia seguinte sobre “a volta do povo baiano às ruas para protestar contra a política”; em vez disso, resolveu apostar em outra agenda de confronto, das 5.467 disponíveis: confrontar a Copa das Confederações e, naturalmente, tudo o que ela representa, que vai desde uma cruel inversão de prioridades nos gastos públicos, até a excessiva intromissão da FIFA na vida de uma cidade orgulhosa. Sabia que o governo teria que reagir a qualquer risco de obstrução dos acessos à Fonte Nova.
Os dois atores (manifestantes e governo), em virtude de uma decisão tática dos primeiros, colocaram-se em uma situação de impasse muito precária. Assim que a ponta de lança da galera mais feroz acendeu o pavio, a ponta de lança da bruta polícia baiana reagiu. Se a polícia baiana, em geral, tem pouca compreensão de cidadania e direitos, imagine a tropa de choque, que é uma polícia de confronto. Tudo aconteceu conforme o previsível, para a satisfação do hoolingan de passeata que, enfim, recebeu da polícia o seu batismo de heroísmo e resistência, para o contentamento das autoridades que mostraram que nesta cidade há governo (lembro que isso foi uma pauta das últimas eleições), para o susto e o pavor de todos os outros envolvidos.
Jean Cardoso
Coordenador de Produção
Coordenador de Produção
sábado, 22 de junio de 2013
Brasil: Los dolores de parto del desarrollo
En Brasil multidudinarias manifestaciones han estallado llevando a la superficie de la escena política y social, los dolores de parto de una sociedad que se acerca al desarrollo.
Un perfil socio-político de las manifestaciones, realizado por DataFolha, para el periódico Folha de Sao Paulo (ver link al final), muestra que el 87% de los manifestantes son favorables a la democracia y quieren consolidarla. El 63% de los manifestantes tienen edades entre 21 a 35 años, luego se trata de segmentos jóvenes y adultos jóvenes. Un 78% de los manifestantes tienen enseñanza superior, y un 72% no tienen militancia en algún partido político: los dos partidos mayores del sistema, el PT y el PSDB solo recogen un 6% de las adhesiones entre los participantes de las manifestaciones.
Una revoluciòn de las expectativas.
Una revoluciòn de las expectativas.
No son las mayorías pobres de las favelas las que han salido a las calles, sino una clase media emergente, joven, instruida, profesional y con una aguda conciencia política, quienes se expresan por más y mejor democracia, por una mayor inversión en educación y en salud pública y menos ostentación y gasto en estadios. Ven el futbol como un deporte, pero no como una fuente de corrupción y de despilfarro en perjuicio del gasto social en salud y en educación.
Interesante observar que la orientación política de los manifestantes encuestados fue de un 31% de centro y 22% de izquierda , un 32% para los liberales y solo un 2% conservadores.
Las manifestaciones además, golpean la adhesión ciudadana por Dilma Roussef (10%) quién intentará la reelección el 2014, como lo muestra la intención de voto entre los manifestantes en Sao Paulo.
Asistimos a la protesta contra la corrupción y contra el gasto público desmedido a propósito del Mundial del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016, pero también a rechazo a las instituciones y a los partidos políticos. El reclamo en favor de una reducción de las tarifas del transporte público, solo fue el detonante de las manifestaciones.
PARA SABER MÁS:
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