Puede afirmarse con entera certeza que este 21 de mayo marca el cierre político del gobierno de Sebastian Piñera. A 6 meses de las elecciones presidenciales y parlamentarias y a 10 meses del cambio de gobierno, hay por lo menos dos miradas diferentes del Chile de hoy: la mirada del gobierno, la mirada del mundo político y la mirada del mundo social.
Mientras en los salones oficiales el Gobierno y la oposición presentan su diagnóstico, en las calles 15.000 ó 20.000 ciudadanos se manifiestan en Valparaíso y en otras regiones de Chile.
El Chile de 2013 no es más justo ni equitativo que en 2010, ni los chilenos son más felices en sus familias, hogares, trabajos, barrios, comunas o regiones.
El gobierno de Piñera deja enormes deudas pendientes con el país, a pesar de los abundantes anuncios, bonos repetidos y promesas autocomplacientes: nueva Constitución, nacionalización del agua, de los recursos naturales (litio, cobre, gas natural), fin a las AFP y a las Isapres, fin al lucro en la educación y en la salud, pensiones dignas para todos los adultos mayores, nueva Ley de Pesca, efectiva regionalización y autonomías regionales, un nuevo Código del Trabajo que genere una nueva institucionalidad laboral, amplia participación ciudadana en la toma de decisiones.
El balance puede ser matizado con cifras, con índices y porcentajes, según el prisma ideológico de los intérpretes, pero en los hechos el balance general del gobierno de Piñera es el de una nueva "vuelta de tuerca" a la consolidación de un modelo de desarrollo basado en el lucro generalizado y desregulado; la explotación y depredación masiva de los recursos naturales; la segmentación de la sociedad en sectores sociales diferentes y el uso del Estado y la administración como aparato de poder para garantizar las ganancias empresariales y el predominio del mercado sobre el bien público y el interés general.
El Chile de 2013 no es más justo ni equitativo que en 2010, ni los chilenos son más felices en sus familias, hogares, trabajos, barrios, comunas o regiones.
El gobierno de Piñera deja enormes deudas pendientes con el país, a pesar de los abundantes anuncios, bonos repetidos y promesas autocomplacientes: nueva Constitución, nacionalización del agua, de los recursos naturales (litio, cobre, gas natural), fin a las AFP y a las Isapres, fin al lucro en la educación y en la salud, pensiones dignas para todos los adultos mayores, nueva Ley de Pesca, efectiva regionalización y autonomías regionales, un nuevo Código del Trabajo que genere una nueva institucionalidad laboral, amplia participación ciudadana en la toma de decisiones.
Manuel Luis Rodríguez U.
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